El Negrito Truman es el primer exponente de este estilo del que muchos se abrogan la paternidad.
Con la aparición de Wilfrido Vargas en el ambiente musical, a principios de la década del 70, el merengue continuó por un proceso de metamorfosis que para muchos era el principio del fin de un ritmo criticado y vilipendiado por la oligarquía dominicana.
En contraste con los patrones de la guira y la tambora al estilo cibaeño típico, las innovaciones de Vargas dieron un nuevo aire al merengue que, hasta entonces, tenía en Johnny Ventura el portador más fresco luego del maestro Félix del Rosario. Es a partir de los aportes del intérprete de “Así, así”, “Enrique Blanco”, “El africano” y otros éxitos, cuando el merengue inicia un proceso de cambios que tuvo su mayor apogeo en la cambiante década de los 80, cuando surge una variante del género bautizado como “a lo maco”.
Los Hermanos Rosario es la agrupación merenguera señalada como generadora de esta forma de hacer música, pero no todos comulgan con esta afirmación, ya que, siempre que el tema sale a colación, aparecen distintas voces abrogándose la paternidad del estilo “a lo maco”.
El Comandante, Aníbal Bravo, es uno de los más fieros defensores de la paternidad del estilo. Sin embargo, para el doctor Paul Austerlitz, etnomusicólogo y saxofonista nacido en Finlandia, pero criado en Nueva York, la génesis de esta variante del merengue data de 1961 con el éxito del Negrito Truman: “La cúcara”.
Investigador y músico de jazz, Austerlitz militó en agrupaciones merengueras tras vivir un proceso de aculturación que comenzó en 1983 cuando decidió mudarse a los Estados Unidos, donde en New Jersey y Nueva York inició el coqueteo con la música dominicana. Austerlitz escribió una obra que, gracias a los auspicios de la Secretaría de Estado de Cultura, fue publicada en República Dominicana. La misma aporta grandemente al entendimiento de los procesos por los ha pasado ese merengue dominicano que hoy se pasea con orgullo por playas extranjeras.
“Merengue música e identidad dominicana”, enriquece y fortalece la bibliografía nacional sobre este apasionante tema. Según narra Austerlitz, el arreglista Luis Pérez le aseguró que “La cúcara” es la primera manifestación del ritmo “a lo maco” y que el tamborileo estaba influenciado por los arreglos de Cortijo de plena puertorriqueña y su parte del cencerro se tomó del konpa haitiano.
¿Tendrá esto alguna relación con que en los años 80 el merengue “a lo maco” o, como fue llamado en Puerto Rico: “bomba”, tuviera tanta aceptación en esa isla? No se puede descartar si tomamos en cuenta que es a partir de esa década cuando el merengue desata una fiebre en Borinquen que motiva la formación de más de una veintena de agrupaciones merengueras. Paul destaca que poco después, al final de los años 70, Cheché Abréu y sus Colosos comenzó a usar este ritmo llamándolo el mangué.
“Abreu me cuenta que él y sus percusionistas lo crearon como una fusión de son cubano y merengue. Este combo cobró fama en 1977 con un hit fusionado con mangué titulado “El berigué”, y al año siguiente lanzó una tonada llamada “El mangué”. En esta entrevista El Queridísimo, como también se conoce a Cheché, reveló que como en el país existían muchos grupos pegados en la radio, como Johnny Ventura y Félix del Rosario, pensó que la mejor manera de penetrar con fuerza era creando su propia línea musical. Entrevistado también por el musicólogo, Aníbal Bravo reclama ser el inventor de este ritmo al que llama el “chucuchá”, tema que tuvo una gran pegada en 1978.
“Cuando comencé mi combo...me pareció que, como no tenía dinero ni renombre, necesitaba inventar algo diferente, que no todo el mundo estaba haciendo. Así que inventé…este nuevo ritmo”, explicó Aníbal Bravo. Austerlitz resalta el uso de Pochy Familia y Cocoband, así como de Josie Esteban de este ritmo que ya en los años 90 superó el patrón de percusión del estilo típico cibaeño.
“Mientras este último es de una alegre cadencia de cuatro pulsos, a lo maco enfatiza un pulso de dos golpes evocando la música disco”. El músico finlandés destaca una entrevista realizada al veterano ingeniero de sonido July Ruiz, quien atribuyó la popularidad del estilo a la similitud con ritmos bailables norteamericanos. “Ciertamente, los fiesteros a menudo abandonan la posición de baile de salón y bailar al estilo disco, arreglos a lo maco”.
Resalta que “aunque algunas veces los músicos de jazz latino despreciaban al merengue pop como música comercial carente de sustancia musical, la música convenía al público bailador, que exigía la calidad contagiosa y caliente de sus cadentes ritmos de percusión y picantes arreglos para instrumentos de viento”.
Via El Nacional
Comentarios